Es evidente, yo antes no creía. Y no creía porque siempre he afirmado que el amor es una enfermedad, una enfermedad que te hace cambiar, tus costumbres, tu visión del mundo...
Lo detestaba hasta tal punto de tenerle miedo, de huir de él. En rara ocasión me atrevía a sentir algo y cuando lo hacía, símplemente bebía para paliar el amor.
Qué estupido, por cierto, eso de beber para olvidar.
Al principio te sientes solo y esperas encontrar alguien, pero ese alguien no aparece, y si aparece no era quien tú querías.
Después te autoafirmas como "soltero de oro" y dices que es la mejor vida, lo mejor es que te lo crees y piensas que eres feliz durante un tiempo.
Al final acabas con teorías sobre que el amor es malo, dañino, ¿y el amor?, ni está ni se le espera.
Entonces, cuando ya vives en tu pompa, alejado del resto de los mortales carnales que se enamoran y se "contagian" de esa enfermedad, la conoces.
En el lugar más inesperado, en un día imprevisto o una hora tardía, no importa si estás preparado, si es lo que necesitas, porque cuando la veas te quedarás sin aire, y actuarás de forma incoherente a como lo has hecho en los últimos meses.
El "soltero de oro" es ahora una marioneta de su mirada, y tengan por seguro que va a cambiar todo por ella, porque desde el momento en que sus miradas se cruzaron en aquella puerta, él se puso de rodillas y dejó que la capitana de ese barco manejara su alma a su antojo.
Ella lo cambió todo, da igual si fue con paciencia, queriéndo o sin querer, le devolvió el sentimiento de lo que es amor, le recordó que por mucho que huyera iba a estar ahí.
Puedes no creer, podrás negarlo hasta que te sangre la lengua de decirlo, pero te llegará, te llegará a tí y a tí, y sentirás lo que sentí yo cuando mis manos tocaron las suyas por primera vez, no querrás volver a mirar a otro lado.
¿No crees? Me duele, pero sé que algún día lo encontrarás, y te acordarás de cada palabra y de cada sentimiento experimentado.