Malditas esperanzas que van y vienen y residen en los corazones de la gente;
Malditas las noches en las que alguien sueña que todo tiene arreglo;
Malditas las madrugadas en las que llenas la almohada con lágrimas que no te dicen nada.
Maldito el destino que juega a su antojo con las ilusiones, ilusiones perdidas en tristes tardes;
Maldita la culpa que inunda mi ser para castigarme un día más, sin saber el por qué;
Maldito yo, maldita tú, maldito el triste susurro del viento galopante que grita: soledad.
Maldita la misma soledad, maldito el instante en el que decidimos pensar;
Maldito el ímpetu de no caer y no derrumbarse, sólo nos conduce al mismo camino;
Malditas las sonrisas de personas puñales, de piedras lanzadas directas al corazón.
Palabras que se clavan, indiferencias que te matan, pasividad que duele.
Despedidas, sólo queda eso, adios y adios.
viernes, 19 de marzo de 2010
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