Grandioso, enromérrimo, sencillo, humilde, virtuoso de la lengua...
Miguel Delibes tenía una inexplicable relación íntima con las palabras, jugaba con ellas a su antojo y creaba grandes obras, con la precisión de un cirujano tallaba en ese enorme árbol de la imaginación una estupenda historia con pequeños detalles que te hacían disfrutar como un personaje más de esa novela.
De su mente nació una historia que ha cambiado parte de mi vida, de ella he aprendido mucho y en cierto modo me he sentido identificado con ese mundo, hablo de "Los santos inocentes".
Una desgarradora historia de una familia extremademente esclavizada en los latifundios extremeños.
Y de su mente nació mi personaje favorito, Azarías.
Un viejo que se orinaba las manos todas las mañanas "pa' que no me se agrieten" decía él mismo, y contaba siempre igual: "Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro..."
Un personaje inocente, con una mentilidad de niño y un tremendo amor a la naturaleza y a sus Milanas, la relación de Azarías con sus Milanas, sin duda, marcaron algo en mi forma de ver la naturaleza, y en cómo una mente retrasada e inocente como la de Azarías había encontrado la felicidad plena y completa en unas aves a las que cuidaba y alimentaba como si fuesen sus propias crías.
He de admitir que me emocionó mucho ver a Franciso Rabal en su magnífico papel de Azarías, es justo como lo imaginaba.
Miguel Delibes ha marcado a sus lectores, a cada uno con un libro diferente, pero todos han nacido del mismo padre, la mente de Miguel Delibes, un tesoro que hemos perdido pero que gracias a su obra conservaremos por los siglos de los siglos.
Descanse En Paz, Miguel Delibes.
sábado, 13 de marzo de 2010
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